GUILLERMO JOSÉ CHAMINADE
(1761-1850)
El Ven. Siervo de Dios Guillermo José Chaminade nació en Pèrigeux el 8 de abril de 1761. Fue ordenado sacerdote en 1785. Durante la agitación de la revolución Francesa, no queriendo prestar juramento a la constitución Civil del Clero, se dedicó al ejercicio clandestino del ministerio sacerdotal, poniendo su vida en gran peligro. Después de algunos años decidió buscar refugio en España. Habiendo regresado a su Patria, promovió en Burdeos la organización de la congregación mariana, de la cual nació después el Instituto de las Hijas de María Inmaculada y la Compañía de María, para la instrucción y educación de la juventud. Dedicó el resto de su vida a la redacción y perfección de la Regla de Vida (Constituciones) de las congregaciones que había fundado. Murió en Burdeos el 22 de enero de 1850 con reputación de santidad.
La causa de su Beatificación y canonización fue introducida en 1909. El Sumo Pontífice Pablo VI, con fecha 18 de octubre de 1973, declaró que el Siervo de Dios practicó en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y las virtudes relacionadas.
En pro de la beatificación fue sometida al juicio de la Congregación de los Santos, la presunta curación milagrosa de la Señora Elena Graziella Otero de Gaudino, natural de Buenos Aires. Ella, a la edad de casi cincuenta años, en el mes de enero de 1991, empezó a sufrir pérdida de vitalidad y dificultades respiratorias. Además se le descubrió una hinchazón cervical en el lado derecho. En el mes de febrero de ese año se le diagnosticó como un tumor maligno de tiroides y los médicos, habiendo considerado inútil cualquier tratamiento, decidieron intervenir quirúrgicamente.
La paciente, consciente de la gravedad de su enfermedad, pidió la ayuda de Dios por intercesión del Venerable Siervo de Dios Guillermo José Chaminade. A sus oraciones se unieron también sus familiares, sus amigos, los miembros de la comunidad laica marianista y religiosos marianistas. Súbitamente, en el transcurso de pocos días, sin haber practicado ninguna terapia y antes de efectuar la operación quirúrgica, la enfermedad se redujo notablemente disminuyendo el grosor del nódulo hasta que desapareció completamente.
En vista de la curación prodigiosa y en vista de su atribución a la intercesión del mencionado Siervo de Dios, en el año 1995-1996 habiendo realizado una investigación diocesana por parte de la Curia de Buenos Aires, la Congregación de los Santos, en un Decreto publicado el 11 de octubre de 1996, reconoció la autoridad y validez judicial de su dictamen.
La Consulta de Médicos, reunida el 14 de enero de 1999 declaró que la disminución casi inmediata del nódulo de la tiroides y su total desaparición es científicamente inexplicable. El 11 de mayo del mismo año el caso fue examinado por el Congreso especial de teólogos consultores y el 05 de octubre del año siguiente fue examinado por la Sesión de Cardenales y Obispos, siendo Ponente su Exc. Sebastiano Laboa, Arzobispo titular de Zarai. En los dos niveles, el de los Consultores y el de los Cardenales y Obispos, a la pregunta de si se trataba de un milagro realizado por el poder divino, la respuesta fue afirmativa.
Habiendo sido cuidadosamente informado del caso por parte del Prefecto, el Sumo Pontífice, S.S. Juan Pablo II, acogiendo la opinión expresado de la Congregación para la Causa de los Santos, mandó que se redacte el decreto certificando la antedicha curación milagrosa.
Habiendo sido satisfechos todos los requisitos, hoy el Santo Padre, en presencia del prefecto, del ponente de la causa, del Secretario de la Congregación y de otros invitados, ha declarado que la curación rápida, completa y duradera de Elena Graziella Otero de Gaudino de “una enfermedad nodular tiroidea en rápida progresión” resulta ser un milagro realizado por Dios por la intercesión del Ven. Siervo de Dios Guillermo José Chaminade, Sacerdote, Fundador de la Compañía de María (Marianistas) y del Instituto de las Hijas de María Inmaculada.
Su Santidad ha querido además que este decreto fuera leído públicamente y que fuera incluido en las actas de la Congregación de los Santos.
Roma, 20 de diciembre de 1999. |